miércoles, 29 de junio de 2016

Solo un segundo, toda una vida


Crack. Solo un segundo. Ese tiempo es el necesario para que un hueso del cuerpo se rompa. 

El metro está lleno y el dolor recorre todo mi cuerpo. Escucho su voz y su risa al otro lado del teléfono. No hay mejor analgesia.

Solo es necesario un segundo para saber quien es la persona con la que quieres pasar el resto de la vida: la misma que te reconstruye hueso a hueso.

lunes, 27 de junio de 2016

No hay inocentes

Caricatura extraída de Google Imágenes

No nos gusta que nos traten como tontos, decimos. No nos gusta que nos traten así, con ese tono paternal que nos repatea. Somos inteligentes, pensamos y decidimos, tanto en nuestras vidas como en las urnas. Por lo tanto, se acabó la inocencia. No somos inocentes, sino cómplices. La mayoría ha decidido que nos gobierne un partido imputado (¡el partido entero!) por corrupción. Se ha elegido a un señor que lleva los sobres y los recortes por bandera y que señala a los otros como "los malos" durante su discurso de victoria.

Esto es lo que hemos elegido, sabiendo que nos han desmantelado los servicios básicos, como la Educación y la Sanidad. Son una banda de ladrones de guante blanco, nada más. Pero les hemos vuelto a elegir. Así pues, como ciudadanos capacitados para votar no nos queda otro remedio que aceptar y reconocer que somos cómplices de esos robos. También nos han quitado esa inocencia, y lo peor de todo es que la culpa es nuestra.

lunes, 13 de junio de 2016

La ventana indiscreta


Uno al lado del otro nos sentamos en el borde de la cama y miramos hacia afuera. El verano trae la vida a los patios de los vecinos. Vemos como los de enfrente comen los cuatro en la mesa; la de abajo, riega las plantas; a la izquierda, una mujer explica su día por teléfono echada en la baranda de su balcón; y a la derecha, una pareja pasea medio desnuda por el salón.

Los miramos en silencio y atentamente. Solo hablamos para señalar a unos u otros, dependiendo de lo que nos parezca más interesante. Así paramos nuestra vida unos minutos, como si nuestra ventana fuera igual de indiscreta que la de Hitchcock. Nos miramos y volvemos a lo nuestro con un beso. No tenemos nada que envidiarles, ya no.

Es la hora de la cena, hoy vamos fuera. Me coges fuerte de la mano de camino a un restaurante aún por escoger. Pisamos con fuerza y reímos mientras hablamos de cualquier cosa. Miro hacia una ventana y hay un hombre que nos mira. Se parece a Alfred.

martes, 7 de junio de 2016

Monstruos en el armario


Nunca creí en sus monstruos. Supe desde un principio que tras cada capa de él, había un halo de esperanza. He visto sus ojos brillar, he sentido en mis brazos cómo se mueve su cuerpo al reír, he lamido sus heridas y he escuchado cómo late en mi pecho. También he visto sus miedos y sus inseguridades, incluso sus manías y vicios. Y toda esa luz que ofrece a cada paso, con cada respiración, hace que me atreva a recoger los pedacitos de mi mundo cada vez que se destruye para que vuelva a empezar mi propio puzzle. 

Le miro, me sonríe. No puedo ver a los monstruos; no hay monstruos, pues les disparamos a cada paso. Le miro y el mundo duele mucho menos. Le cojo fuerte de la mano para enfrentarme al futuro que nos acoge. Vivimos, al fin y al cabo. Y si hay monstruos escondidos en su armario, bailaré con ellos.

miércoles, 1 de junio de 2016

Duermes


Es extraño verle dormir, vigilar su sueño. Su respiración se ralentiza y todo alrededor parece un estruendo. Él duerme y me tumbo a su lado. No consigo que mi respiración vaya a su ritmo, aunque me siento tranquila. Me gusta imaginar lo que está soñando cuando veo que su rostro se relaja. Es en ese momento cuando deseo acariciarle el pelo, pero no me atrevo. No quiero sacarle de sus sueños, aunque tenga celos de Morfeo por tenerle rendido a sus pies. Desearía que abriera sus ojos y me sonriera, como hace cada vez que despierta y estoy a su lado, pero no me muevo para que sus párpados sigan cerrados. 

Tengo la sensación de ser una ladrona, de estar robando una parte de él. Es excitante mirarle cuando no se da cuenta. Se mueve con lentitud. Coge aire profundamente y lo suelta despacio. Yo dejo de respirar durante unos segundos para que no se despierte, para poder seguir siendo esa ladrona. Duerme tranquilo, así que ahora sí, le acaricio despacio el pelo. De repente, mi respiración se agita mientras la suya continua tranquila. Siento el calor de su piel y sonrío al ver que él es mi sueño. Entonces, abro los ojos y ahí sigue, meciéndose en los brazos de Morfeo. Sonrío mientras me acurruco a su lado y el mundo duele un poco menos.