miércoles, 28 de agosto de 2013

El movimiento de tus manos

Fotografía extraída de Google Imágenes


Dejé de abrazarte
de hablarte
y, finalmente, de escribirte.
Pero si alguna vez
escuchas mi nombre
en boca de otros,
recuerda que te amé
hasta el punto exacto
de alimentarme solo
del movimiento de tus manos.

Vuelvo a morir,
ahora, en tu silencio.




lunes, 19 de agosto de 2013

Egipto llora sangre


Fotografía extraída de Google Imágenes

Por las aguas del Nilo apenas baja agua; su cauce se ha convertido en un vertedero de sangre. Las matanzas apagan sueños y empañan la Revolución que todo el mundo admiró. Hoy nos dicen que fue en vano, que la Primavera Árabe no ha servido para nada mientras nos muestran pirámides de cadáveres por televisión, aunque cada vez le dedican menos espacio. La noticia poco a poco deja de ser noticia. Este mundo líquido no puede ser otra cosa que cruelmente efímero.

Egipto dejó de ser el peaje hacia la Tierra Prometida y hábitat natural de los grandes faraones. Allí se tejió parte de nuestra cultura y las leyendas de aquellos tiempos nos siguen alimentando. La belleza de Cleopatra  continua embriagándonos, al igual que el dios Ra nos abrasa con su fuego sin importarle el paso del tiempo. Actualmente es lo único que sobrevive sin miedo al futuro.

A día de hoy Egipto está al borde de la guerra civil y el mundo mira de reojo, tímidamente, hacia el país de la Gran Esfinge. Seguimos sintiéndonos lejos de aquellos que sufren, aunque duerman en nuestro portal. Nos quedamos quietos y asentimos ante los que nos dicen que la Revolución es un fracaso seguro. Se nos olvidan los sueños que ella despierta, la esperanza, la capacidad de lucha o la unión en donde no existe la diferencia. Nos sigue asustando la lucha de los otros. De fondo, sin embargo, sigue escuchándose el rumor de la religión y del poder, el matrimonio que más muertes ha contraído a lo largo de la historia.


lunes, 12 de agosto de 2013

Dejar Granada




Soterradas semillas
cenizas hácense
bajo cimientos rotos

Gormaz a sangre y fuego, Aníbal Núñez.  


Granada, solo su nombre ya es poesía. De allí provienen el cincuenta por cierto de mis raíces, el otro cincuenta le pertenece a Extremadura. Pero Granada es especial, ni siquiera me atrevo a explicar mis sentimientos hacia esa ciudad que me acoge verano tras verano. Allí me esperan, en su aeropuerto minúsculo, todos los años mis tíos. Empiezan los abrazos nada más aterrizar y no acaban hasta que subo en el avión de vuelta. No, nos pasamos el día abrazándonos, es la ciudad la que nos acuna.

Hace escasos días volví a pasear por las calles por las que mis abuelos y mi madre jugaron a lo largo de su infancia y por donde pasearon hasta que tuvieron que abandonarlas. Una, por buscarse la vida en Barcelona; otro, porque la muerte le sorprendió; y la última, porque la vejez se presentó en su vida sin piedad.

El caso es que siempre volvemos. Seguimos regando las semillas soterradas cuando todo va bien. Sin embargo, somos capaces de escondernos bajo nuestros propios cimientos rotos para acabar siendo cenizas que se volatilizan y se pierden en el olvido del tiempo. Y aunque el olvido sea nuestro futuro, la belleza de la Alhambra seguirá en pie con una impasibilidad que solo rompe el hipnótico estruendo del campanario de la Torre de la Vela.


miércoles, 7 de agosto de 2013

Holden Caulfield, nuestro guardián eterno (reseña sobre El guardián entre el centeno)

El verano quizá sea la época del año preferida por los lectores, al menos en lo que se refiere a la lectura. Tenemos más tiempo libre, menos preocupaciones y ganas de relajarnos, así que los libros se convierten en los acompañantes perfectos para viajar desde el sofá, desde la playa o desde la piscina. También son la llave para encontrarnos y, por qué no, para perdernos.


A mediados de junio, Elena Sanz publicaba en la revista Muy Interesante un artículo en el que explicaba la importancia de leer durante el verano, especialmente a lo largo de la infancia. Sanz explica que el profesor Richard Allington y sus colegas de la Universidad de Tennessee han demostrado que si dejamos de leer durante el verano nuestras habilidades lectoras adquiridas durante el resto del año se pierden. Sin embargo, los niños pueden ganar un mes de destreza en la lectura cada verano. SEGUIR LEYENDO.