viernes, 29 de junio de 2012

Jugar fuera de casa


Fotografía extraída de Google Imágenes
En muchas ocasiones me han tachado de rara, incluso he tenido grandes discusiones con gente que realmente me importa por no querer -ni saber- demostrar lo que siento. Me protejo dentro de un caparazón que a veces me asfixia y no me deja ver más allá de sus enormes muros; tampoco dejo que nadie se acerque, no vaya a ser que consigan abrir una puerta o una ventana y la luz del exterior me abrase.

Hoy los muros se han derrumbado ante gente a la que nunca antes se habían caído, o quizá sí, pero no se habían dado cuenta de ello o yo hice que no se percataran, quién sabe. Me siento extraña al verme vulnerable ante ellos, al ver la compasión en sus ojos y sus voces y palabras sin sentido al otro lado del teléfono. Hoy me hizo caer la falta de respeto seguida de la posible ruptura de un sueño que necesito realizar para cerrar una puerta que se abrió hace ya demasiado tiempo.

Supongo que dejarse ver tampoco es tan malo, pese a mi falta de costumbre. Una vez alguien me dijo que negaba sentir amor por otros, pero que llegaría el día en el que no me quedaría más remedio que aceptar que soy humana, y por lo tanto, que tengo la capacidad de querer y de amar. En ese momento pensé que era un gilipollas, hasta que un año después, con 16 años, me cambié de instituto y conocí a M., y por su culpa llegó el día en el que tuve que reconocer por primera vez  que estaba hasta las trancas por él. Recuerdo cómo fue aquella metamorfosis, esa valentía inexperimentada anteriormente para contar a mis amigos lo que sentía por él, aunque fui incapaz de decírselo a M., y claro, perdí la batalla, la cual fue dolorosa porque tuve que vivir su enamoramiento hacia otra chica con la que finalmente acabó saliendo. Olvidé a M., pero no la lección. Luego llegó la persona que consiguió derribar cualquier tipo de muro y cortar todos los alambres.  El valiente fue él, a mí al principio me venció el miedo, aunque finalmente conseguí darle una patada en culo, pese a que ya era tarde, y tuve que volver a vivir ese alejamiento hacia mí y su acercamiento hacia otra persona.

Hoy me caído, sí. Supongo que ahora toca remontar sin importar la dificultad para conseguirlo. El partido está en el minuto 89, voy perdiendo 2-0 –sí, juego fuera de casa-, pero aún tengo un minuto más la prórroga para recuperar el aliento y marcar dos goles, uno por la escuadra y otro de chilena. Siempre fui fan de Zidane y de sus goles imposibles.


miércoles, 27 de junio de 2012

Ojos


Fotografía extraída de Google Imágenes

En estos días en el que el dolor y el miedo nos han vencido, en los que el Big Ben se ha convertido en Elizabeth Tower, solo mírame a los ojos. Mi boca calla, debe hacerlo, pero ellos saben gritar; lo hacen por nosotros.

lunes, 25 de junio de 2012

Vida


Futura mamá pájaro cuidando de los huevos

Hace unos días comenté que los pájaros habían hecho un nuevo nido unos pisos más arriba. Al parecer, algún vecino tiró ese nido, así que los pájaros de este año han reciclado el que hicieron sus predecesores. Me llena de orgullo y satisfacción anunciaros que, si todo sale bien, ¡seré tita de cuatro polluelos! Como el verano pasado, la ventana de mi estudio, la cual da a un patio interior asqueroso, vuelve a tener vida.

miércoles, 20 de junio de 2012

Hasta luego a la Sopa radiofónica


Fotografía extraída de Google Imágenes

Ayer los Soperos se despidieron de la radio, y como no podía ser de otra forma, lo hicieron entre amigos y con mucho humor. Se acaba una etapa de siete años en la que han desnudado a la poesía para que viéramos todos sus defectos, para volverla terrenal, para convertirla, en definitiva, en perfecta.

Gracias, Òscar, Pepe y Mariano por todos los grandes momentos que nos habéis regalado, y sobre todo, por vuestra amistad. Esperamos ansiosos la octava temporada, la cual pinta muuuuuy bien.

Uni, dori, teri… ¡SOOOOOOPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

P.D: ¡Mariwano, queremos despelote!

lunes, 18 de junio de 2012

Atendiendo a Razones


Hace unos días dije que cuando alguien se atreve a apostar por la literatura en los tiempos que corren es porque debe estar loco, afortunadamente para el resto de mortales. Juandi, un periodista mañico y amigo mío, lo está, por eso nació en 2009 Atendiendo a Razones, su blog, el cual se reconvierte ahora en un blog, con intenciones de ser un dominio, de crítica literaria. Colaboran otros periodistas, también maños, y algún que otro proyecto de periodista, como es mi caso. Sí, colaboro en Atendiendo a Razones, como comprenderéis, tenía que haber alguien para bajar el nivel.



sábado, 16 de junio de 2012

Cómo llenarte, soledad - Luis Cernuda


Fotografía de Cernuda extraída de Google Imágenes
Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma...

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.