lunes, 30 de enero de 2012

Prótesis, Pepe Maiques



pepe maiques escribe en mí from PAJARO DE CHINA on Vimeo.


Mariel Manrique fue la encargada de iniciar la presentación del libro de Pepe Maiques, Prótesis, el pasado viernes en El Cèntric con este vídeo. Mariel –autora del prólogo- nos dejó a todos los presentes sin aliento y con las lágrimas recorriéndonos las mejillas. Allí estaba ella, en una calle de la majestuosa Buenos Aires leyendo los poemas de Pepe, haciéndolos suyos para compartirlos con todos. Mariel cogía a Prótesis y lo estrujaba contra su pecho mientras todos los demás libros de su librería se morían de envidia. Mariel nos tatuó en el “hueso” su mirada, su voz, sus palabras, su generosidad y su fuerza. Tras el vídeo, nos deshicimos en aplausos. Mariel dejó de estar en esa calle de Buenos Aires, dejó su casa y su librería para sentarse y disfrutar con nosotros.

Después de Mariel le llegó el turno a Mariano Martínez, editor del libro. A Mariano, emocionado con el vídeo, apenas le salían las palabras, pero consiguió deleitarnos con un discurso de total fraternidad, una oda a la amistad y a la defensa de la buena literatura que tan poco espacio tiene entre la comercial. Y es que el amor que se tienen los soperos es latente. Mariano enlazó perfectamente sus palabras con las de Mariel dejando así que la emoción siguiera creciendo. Ya no existían las distancias, todos estábamos unidos por una misma prótesis. Òscar Solsona, ilustrador del libro, cogió el relevo. Sus dibujos son pequeños y sutiles, pero indispensables. Sin el perfil de esa persona que vemos encima de cada número de las páginas del libro, Prótesis no podría ser Prótesis.
Cuadro extraído de Google Imágenes

Mención a parte merece la aportación de Laia López Manrique. Laia tuvo la generosidad de compartir con todos nosotros su lectura personal del poemario. Nos deleitó con las similitudes entre Prótesis y un cuadro de Brueghel el Viejo, La caída de Ícaro. El cuadro representa un paisaje totalmente tranquilo, hasta que nos percatamos de que hay una persona ahogándose, alguien que no ha podido salvarse, mientras que el resto sigue con su vida cotidiana, la cual cosa hace que el espectador sufra por ese personaje al que tan solo le vemos las piernas.

Tras la magnífica exposición de Laia, Pepe, emocionado, dio las gracias y nos deleitó con su arte y con su gracia. Leyó algunos de los poemas que conforman Prótesis y defendió que debemos expresarnos, soltar lastre, en definitiva, compartir el dolor para que deje de doler, para sanarnos. Como dijo Antonio Ezpeleta en el turno de ruegos y preguntas y más tarde reafirmó Anay Sala, Prótesis “hace pupa”. Quizá este libro sea eso que nos decían nuestras madres cuando éramos pequeños y al caernos nos hacíamos una herida “si escuece es porque se está curando”.

Mosaico de Ventura Camacho

Prótesis es esa pieza extraña que le ponemos a nuestro cuerpo para sobrevivir. El aparato que adaptamos sobre el muñón de la pierna izquierda para poder seguir andando. Al principio duele, nos cansa caminar, pero al final, esa cosa ajena a nosotros se convierte en algo más del cuerpo, acaba siendo nuestro, y por lo tanto, imprescindible. La prótesis acaba siendo más importante que la pierna izquierda que se quedó en el camino, ya que gracias a ella, conseguimos seguir caminando hacia delante.


cuerpo alejado del sótano del día 
habitación caliente

penumbra en oleadas debajo de la sábana 
que el mar alarga al fondo de los cables

la carne seccionada
por hábiles mecánicos  
extendida con ganchos
                                        de metal
                                                  abierta en hueso

acaba de advertir la gratitud en la vena  
de los cuerpos celestes
buscando cancelar el dolor

sólo por esta noche

miércoles, 25 de enero de 2012

Conclusión


Si quieres sonreír así y ser feliz, roba toda lo quieras y más, y nunca, bajo ningún concepto, investigues crímenes franquistas.

viernes, 20 de enero de 2012

D.E.P Megaupload

Fotografía extraída de Google Imágenes (dentro de poco esto será ilegal)
Anoche a todos los que habíamos cenado se nos cortó la digestión y a los que estaban a punto de ello se les quitaron las ganas de comer cuando saltó la noticia: el FBI cerró Megaupload, una de las webs de descarga de archivos más famosa y la que más ha hecho por el inglés de medio mundo. No sé qué será de nosotros sin el famoso aviso de “You have watched 72 minutes of video today”, aunque fuera mentira que hubieras visto tal cantidad de minutos y tuvieras que vencer a la pereza, levantarte del sofá y reiniciar el router para poder seguir disfrutando de la película o de la serie de turno.

El fin del mundo que pronosticaron en su día los mayas es un hecho. Ya han sonado tres de las siete trompetas del apocalipsis, y eso que sólo estamos en enero: la mayoría absoluta (-ista) del PP, Fraga se convirtió en un simple mortal hace unos días y ahora asistimos a la muerte de Megaupload. Señores y señoras, nos quedan cuatro días como aquel que dice en el convento, así que vamos a cagarnos dentro y a luchar por la libertad de expresión. Si el mundo tiene que acabarse y nosotros con él, vamos a hacerlo con dignidad.

Vídeo explicativo de la Ley S.O.P.A.


Ya podéis ir preparándome bocadillos para cuando vayáis a verme a la cárcel. Me gustan especialmente los de jamón, queso y lomo con queso. El pan con tomate, por favor.

Y ahora, 72 minutos de silencio por la muerte de Megaupload. ¡No vale reiniciar el router!

jueves, 19 de enero de 2012

Miedo y odio

Fotografía extraída de Google Imágenes
Cuando tengo miedo soy incapaz de dormir y la ansiedad reina en mí. Saber que me tengo que enfrentar a aquello que me atormenta siempre es un reto. Esta mañana el frío me cortaba los labios, me dejaba sin respiración  y regaba el miedo que crecía sin que nada ni nadie pudiera detenerlo. Llegó la hora de la verdad y mis piernas empezaron a temblar, también creí firmemente que iba a perder la consciencia en cualquier momento. Cerré los ojos por primera vez en 48h y me di cuenta de que respiraba agitadamente por la boca y las manos a duras penas podían sujetar un papel. Acabó la función y quise correr pese a que mi cuerpo estaba completamente inmóvil.  Los falsos de mis labios, por su parte, sonreían a los ojos que los miraban. Después, un café y una excusa para marcharme antes de tiempo.

Prepararte para enfrentarte al miedo es una lucha desgarradora, pero enfrentarte al miedo sin previo aviso duele como si te arrancaran la piel a tiras y después te echaran sal en las heridas. Hoy me crucé con la risa con la que llevo una semana teniendo pesadillas. Volvió el odio que sentí por primera vez la semana pasada, la vergüenza y la humillación. Vi un rostro ex desconocido junto a otros desconocidos que se reían por conocer mi secreto. Volvió el miedo, la ira y la rabia. Volvieron las ganas de llorar, pero me faltaron fuerzas, así que el salitre frustrado de éstas hizo que las heridas del alma escocieran más. Intenté mantener la cabeza alta mientras la respiración volvía a alterarse y mi boca era incapaz de coger todo el aire que necesitaba. Pese a todo, me he reafirmado en aquello que siempre he creído y defendido: no sirve de nada odiar. Con el odio no se cierran heridas, sino que se abren y sangran hasta llegar a desangrarte. El dolor y el miedo hoy ganaron la batalla, pero el odio se quedó en la cuneta del olvido.

martes, 17 de enero de 2012

Manuel Fraga, el demócrata

Fotografía extraída de Google Imágenes
El domingo, como sabéis, murió Fraga, aunque parezca mentira, también era mortal. Nada más conocerse su muerte, los medios de comunicación se dedicaron a alabarle y casi todos le agradecían el estar hoy en democracia. Cuando citaban que fue ministro durante la dictadura franquista, lo hacían para recordar que gracias a él en los años sesenta se aprobó la Ley de Prensa y que se opuso al Opus, en cambio, el silencio ante las sentencias de muerte que firmó resulta atronador.

Ayer, después de un examen, me dispuse a leer La Vanguardia, el diario que nos regalan en la Facultad. Nada más abrirlo, me topé con el siguiente titular: “Fraga Iribarne, pieza clave de la democracia”. Me quedé a cuadros, pues Fraga, por mucho que digan, no fue una pieza clave para el sistema actual. Fraga tuvo que seguir la corriente porque si no lo hubiera hecho, seguramente, se habría ahogado.

Señores periodistas, entiendo que hablar bien de los muertos es lo más común, pero eso no quiere decir que sea lo más correcto. Ahora parece que le debemos todo a Fraga, quien se ha ido con todos los honores mientras aún hay familiares de las víctimas que provocó buscando sus restos para poder enterrarlos con dignidad. No, no es justo. Entiendo que expliquen que hizo cosas buenas, pero no olvidemos las malas porque fueron muy dañinas, no fueron simples anécdotas sin consecuencias. Este señor firmó las sentencias de muerte de personas que el único “error” que cometieron fue no pensar como él y participó muy activamente en la dictadura franquista. ¿Qué entienden por ser demócrata, señores periodistas?

domingo, 15 de enero de 2012

Sed de venganza

Fotografía extraída de Google Imágenes
El pasado viernes el juez que lleva el caso Marta del Castillo dictaminó sentencia, la cual ha sido rechaza por eso llamado opinión pública. Todos hemos seguido el caso de esta chica desde casi el momento de su desaparición, entre otras cosas, porque sus familiares han protagonizado horas y horas de televisión.

Hace unos meses en un programa de Telecinco, La Noria, entrevistaron a la madre de uno de los implicados en la muerte y en la desaparición del cuerpo de Marta, El Cuco. La opinión pública, otra vez, se llevó las manos a la cabeza y poco después este programa se quedó sin anunciantes. Evidentemente, a los publicistas les dio igual esa entrevista, pero ante la presión mediática decidieron retirarse, lo que les supuso publicidad gratuita y el aplauso de los medios y de gran parte de la ciudadanía. Bien jugado. Yo no seré la que defienda, ni mucho menos, a Telecinco, es más, cada noche sueño con su destrucción, pero entiendo la decisión de entrevistar a esta mujer. No me creo que ningún periodista, del medio que sea, se negara a entrevistar a esta señora si tuviera la oportunidad y muchísimo menos a la del asesino confeso, Miguel Carcaño. No nos engañemos, la entrevista era de interés y venía a cuento ya que pocos días antes había comenzado el juicio. Reconozco que no vi la entrevista, más que nada porque me niego a ver casi todo lo que viene de Telecinco, además, creo que no era el lugar para entrevistar a esta persona. Si os soy sincera, esta entrevista la habría visto si la hubiera realizado un profesional de verdad y no Jordi González, quien quizá sea bueno para presentar magazines nocturnos, pero no para hacer una entrevista en profundidad de este tipo, y en un programa serio, con gente preparada para llevarla a cabo y sacar chicha, es decir, para ir hasta el fondo de la cuestión y que sea lo que tenga que ser.

Al día siguiente pocos medios hablaron de la entrevista en sí, pues se dedicaron a criticar lo que esta señora había cobrado, que no se le vio la cara, que se pactaron las preguntas previamente y que ella no permitió que los contertulios le preguntaran. Un análisis profundo donde los haya que desató la ira mediática e incluso hirió de muerte a La Noria. Mientras leía la batería de opiniones que criticaban duramente a esta mujer por haber sacado unos buenos euros por hablar de un asesinato, me preguntaba por qué no criticaban a los familiares de Marta. Nos hemos pasado tres años viendo sus lágrimas por televisión, y sí, en muchas ocasiones cobraron. ¿Eso no es rentabilizar económicamente una muerte? Entiendo el dolor de la familia y el “esfuerzo” para que el caso no caiga en el olvido colectivo, pero ¿si lo hace la madre de uno de los implicados está mal y si lo hace la familia de la víctima está bien?

A lo largo de estos tres años los ciudadanos hemos sufrido -y participado- un juicio mediático en el que los trabajadores de la televisión luchaban entre sí para ver quién de todos estaba más afectado por este caso. Es llamativo el hecho de que a lo largo de un año, así que ya no digamos de tres, desaparece mucha gente, entre ellos niños, adolescentes y jóvenes, quienes ocupan unos segundos en el telediario durante cuatro días: el día de la desaparición, el día que se encuentra el cadáver, el día que la policía da con el presunto asesino y, si hay suerte y no ha pasado mucho tiempo desde el inicio de la historia, el día que un juez dictamina sentencia. Pero claro, como en todo en esta vida, hay casos y casos: los mediáticos, en los cuales la familia se presta a una especie de circo de lágrimas y de dolor para así ejercer presión a los cuerpos de seguridad, cosa con la que los directivos de los medios de comunicación se frotan las manos. Estos casos suelen estar protagonizados por niños (Mari Luz) o adolescentes y jóvenes guapas. El segundo caso es el de las familias que denuncian la desaparición de un ser querido y utilizan a los medios simplemente como un trampolín de denuncia, por lo tanto, rechazan someterse a las órdenes del domador mediático que les exige hacer públicas todas sus emociones. En este grupo hay excepciones, pues si el caso es extremadamente macabro, los periodistas ya se encargarán de que no quede en el olvido y de presionar a las familias para que entren dócilmente por el aro.

Como decía, el viernes el juez dictaminó sentencia y decidió condenar a Miguel Carcaño a veinte años de prisión y dejar en libertad al resto. Yo no entiendo de leyes, así que no sé si es una sentencia justa o no, pues antes de opinar, debería hablar con alguien que entienda de leyes, pues hay que recordar que el cuerpo no se ha encontrado, que todo son contradicciones y nadie vio nada, por lo cual, imagino que el juez aplicó la ley actual, pueda parecernos justa o no.

Nada más conocerse la noticia, periodistas y no periodistas –recordemos que muchos de los que ocupan un puesto en pantalla están ahí sin tener estudios, simplemente por haberse acostado con un famoso o haber participado en un reallity-, se llevaron las manos a la cabeza y condenaron al juez. Ningún programa contó con un especialista en leyes para que intentara analizar y explicar qué había pasado ni nadie se cuestionó la labor policial, pues después de tres años de interrogatorios y de búsquedas,  no se ha obtenido ningún resultado. Todos pecaron de lo mismo, y lo que queda, ya que impusieron su visión sin ningún tipo de análisis ni de explicación, vergonzoso.  Un ejemplo más de desinformación. Con todo esto, al cabo de unas horas, las redes sociales estaban plagadas de mensajes de repulsa hacia la sentencia y hacia el juez, se citaban frases de presentadores y contertulios y los muros de Facebook se llenaban de montajes con la foto de Marta y frases de indignación y apoyo a la familia. Todo esto me llevó a la siguiente conclusión: desde hace tres años no se está pidiendo justicia, sino venganza. Personalmente, claro que me sorprende que se deje en libertad a estos chicos y deseo que tengan su castigo, pero yo no soy jueza y antes de verter mi indignación ante un asesinato y poder generar odio a gran escala, prefiero informarme de cómo funciona la justicia en este país, tanto para bien como para mal. A todos los que salen en televisión para jugar a ser jueces, les diría que tengan el arrojo de hacer lo mismo, por ejemplo, con chorizos como Urdangarín y su esposa, la Infanta Cristina, al fin de cuentas, un robo, por importante que sea, siempre es algo más leve que quitarle la vida a una persona, así que lo tienen fácil. Entonces, ¿qué les detiene?


jueves, 12 de enero de 2012

Escribo porque no puedo correr, porque no puedo huir, porque no puedo gritar, porque ni siquiera puedo llorar y porque mi cuerpo no deja de temblar. Escribo porque por primera vez en mi vida odio, porque duele, porque me han roto. Escribo porque con la persona que ahora necesito hablar está trabajando y seguramente ya no quiera estar más a mi lado; porque con los que podría hablar, me da vergüenza hacerlo y porque con el resto no me atrevo. Escribo porque la ansiedad es la peor enemiga de un pulmón maltrecho y de una fiebre que no deja de subir, aunque los médicos no quieran atenderme porque la fiebre y los vómitos “no son una urgencia, faltan médicos y no pertenezco a esta ciudad”. Escribo porque por primera vez necesito estar en casa, porque necesito encontrarme con una cara conocida cualquiera que me dé un abrazo. Escribo porque hacía mucho tiempo que un desconocido no me humillaba y me maltrataba, aunque quizá sólo me ha escupido la verdad, esa verdad que tanto pánico me da, a la cara. Escribo porque me siento sucia. Escribo porque me siento completamente sola. En definitiva, hoy escribo porque a la quien más odio es a mí misma.

miércoles, 11 de enero de 2012

Lo conseguí

Anoche volvieron la fiebre y el dolor en el pulmón, pero esta mañana conseguí subir, después de más de un mes, las escaleras y cuestas que llevan hasta la Facultad sin hacer uso del ascensor. Llegué unos minutos tarde a clase y muy cansada, pero lo conseguí.

lunes, 9 de enero de 2012

La felicidad según Petrarca

Fotografía extraída de Google Imágenes
"En verdad, la vida que llamamos bienaventurada está situada en un lugar elevado y, según dicen, es angosta la senda que conduce hasta ella. Además, se interponen muchas colinas y es necesario avanzar de virtud en virtud por excelentes peldaños; en la cima se halla el último fin y término del camino hacia el cual se dirige nuestro viaje. Todos desean llegar allí, pero como dice Nasón:

Querer no basta; para obtener algo se ha de desear con ardor.1

Tú, en realidad –a menos que también te engañes en esto-, además de quererlo, lo deseas ardientemente. Entonces ¿qué es lo que te detiene? […]".
 
1 . Ovidio, Ex Ponto III, 1, 35.


 Subida al Monte Ventoso, Francesco Petrarca.


Ojalá alcanzar la felicidad fuera tan fácil como escalar una montaña.

sábado, 7 de enero de 2012

El derecho de jugar

Fotografía extraída de Google Imágenes
Todos pedimos durante años algún regalo que los Reyes Magos nunca nos trajeron. Nuestras cartas se llenaban año tras año con el mismo deseo que nunca se cumplió. Mi regalo frustrado creo que es el más típico de todos: el Scalextric. El segundo era un hermanito, pero claro, eso no dependía de los magos de Oriente.  Creo que deseé con tantas fuerzas el Scalextric porque nunca me dejaron jugar, pues decían que era “un juego para niños”. Recuerdo ir a casas donde había niños, ver la caja y volverme loca, pero siempre había alguien que me recordaba que era una niña. A mí aquello me frustraba ya que yo era la compradora número uno de las pistolas de petardos que vendían en las tiendas de veinte duros –antes de que todas se convirtieran en bazares chinos-, y que por cierto acabaron retirando del mercado porque se cometieron muchos atracos con ellas por parecer auténticas. Mi madre, cada vez que me veía aparecer con una, me la escondía, igual hacía con los petardos, hasta que un día encontré el escondite del arsenal. Ese día fui feliz. Cogí varias pistolas y me puse a disparar en medio del pasillo a dos manos ante el miedo de mi madre, pues ya me veía de terrorista. Aquel día tiraron las pistolas y nunca más volvió a entrar una en casa. También fui la pichichi, ojo, en el colegio. Cuando los profesores no miraban, yo me escapaba al patio de los grandes y jugaba como uno más a fútbol. Todos los mayores querían que estuviera en su equipo y se enfrentaban a los profesores cuando venían a buscarme, y claro, a echarme bronca e incluso a castigarme. Desde ese momento mi madre entendió que no se me da bien eso de juntarme con gente de mi edad, especialmente con las chicas. La mujer lo tiene asumido, su padre, mi abuelo, era igual.

Pero no sólo el fútbol y las pistolas se me daban bien. Cuando yo tenía cinco años fuimos a Madrid a casa de unos primos de mi madre.  Con ellos aún vivía el hijo pequeño, un friki de los videojuegos, especialmente de los de coches. Al parecer, el mozo era un hacha -normal, se pasaba el día enviciao- al que no le ganaba nadie. Pero claro, él se dedicó a enseñarme sus trucos y a presumir de sus habilidades, y una que se suele quedar rápidamente con las cosas, pues en un momento de la segunda tarde le gané la primera partida y así hasta que nos marchamos. Según nos cuenta el padre cada vez que hablamos con él por teléfono, el mozo –que ya pasa holgadamente la cuarentena- sólo me recuerda porque le gané al juego de los coches.

Con esto quiero defender el derecho de los niños a jugar con lo que les dé la gana. No porque a un niño le gusten las muñecas eso quiera decir que sea homosexual. Los críos  ven un juguete y simplemente quieren jugar con él, sin importales si es un juguete de niño o de niña. Conozco casos de chicos a los que les encantaba jugar con muñecas y son heterosexuales y chicos a los que les encantaba, y les encanta, jugar al fútbol  y son más homosexuales que nadie. No caigamos en tópicos, los muñecos y los juegos no definen la condición sexual. Aquí he escrito mi caso porque de pequeña, entre otras muchas cosas, me llamaban marimacho, y oye, me gustan y ponen los tíos como a la que más. Así que por favor, dejad que los niños crezcan sin prejuicios, porque sin ellos serán más libres, y por lo tanto, más felices.

Ah, y queridos Reyes Magos, si os piden un Scalextric, regaladlo, por favor, que somos muchos los frustrados por culpa de este juego.

miércoles, 4 de enero de 2012

lunes, 2 de enero de 2012

El anciano y el banquero

El Paint se me da genial, pero me falla el pulso
Ahora que el cielo se ha encapotado, la posible lluvia que pueda caer hoy sobre nuestras cabezas me evoca a las lágrimas de un anciano. Esta mañana he ido a la sucursal de Catalunya Caixa de la Avenida Montserrat, la que hay justo enfrente del cine Capri, con la intención de que me dieran de una santa vez la entrada para un concierto que pagué hace mes y medio. Delante de mí había un señor de unos 75 años al que se le veía bastante nervioso. Nada más sentarse en la mesa se derrumbó. El banquero esperó impaciente a que el hombre se secara las lágrimas, mientras tanto, a mí me llamaba la de la mesa de al lado. Mientras ésta intentaba solucionarme el problema, el señor empezó a gritar. No estaba nervioso, estaba desesperado. Al parecer, hace unos meses le propusieron los de Caixa Catalunya cambiarse el seguro del coche. Le prometieron que sería más económico y que saldría ganando. Como cabe esperar, todo fueron mentiras y este señor está pagando una millonada por el seguro de un coche que tiene más de diez años. El banquero, impasible, le reprochó de mala gana que si él aceptó eso en su momento, ahora no tenía derecho a quejarse. El señor hecho una furia, normal, le espetó que él tiene todo el derecho del mundo a quejarse, que tenía el papel con las explicaciones que le habían dado y los recibos que le habían llegado, por lo tanto, ambas cosas demostraban que le habían engañado. Lloraba de rabia y explicaba que era viudo y que cobraba una pensión de mierda, así que no podía permitirse pagar ese dinero. El banquero lo máximo que hacía era encogerse de hombros.

El señor se marchó llorando a lágrima viva y avisando de que les iba a denunciar. Cuando el hombre salió por la puerta, el que le había atendido se acercó a la mesa donde yo estaba y le preguntó a la que me estaba atendiendo si había escuchado lo que había pasado. La mujer le contestó que sí y ambos sonrieron como buenos cómplices. Yo, por mi parte, sentí ganas de vomitar. Finalmente, a mí tampoco pudieron solucionarme nada. Mientras guardaba la tarjeta en el monedero, la banquera exclamó: “¡mujer, no nos mires así, que no hemos matado a nadie!” Le respondí que no tenían vergüenza alguna y salí por la puerta completamente rota, como muchos de los que habíamos presenciado aquella escena. Los banqueros ya ni siquiera fingen tener escrúpulos ante una sociedad herida de muerte.

domingo, 1 de enero de 2012

Año nuevo, vida de siempre

Anoche fue la primera vez que salí a celebrar la Nochevieja por motivos que no voy a contaros. Salí como una noche más, no tenía nada que celebrar, a diferencia de que te cobraban un buen pico por entrar en cualquier lado. No me gustan las masificaciones, odio las discotecas, yo soy de bares, preferiblemente, de antros. Anoche tuve un momento de vacío existencial en el que miré a mi alrededor y sentí tal soledad que me destrozó el pecho y me entrecortó durante un buen rato la respiración. Gentes que hacía siglos que no veía se me acercaron para felicitarme el año entre besos, abrazos y te quieros provocados por el alcohol. La música sonaba sin descanso, igual que el desfile de caras conocidas, rostros que en ocasiones se giran cuando te cruzas con ellos por la calle, pero anoche te amaban.

A veces me preocupa la facilidad que tengo para marcharme del mundo, para ver la situación que estoy viviendo en ese momento desde lejos, como si no estuviera, como si lo que pasara ante mis ojos sólo fuera una película de la que yo no formo parte y de la que sólo tengo derecho, como mucho, a observar. Me halagaban y me irritaban a la par aquellos que al pie de la barra querían ayudarme a conseguir una copa. Sonreía a la camarera que cantaba dándolo todo Clavado en un bar. Así me sentía, totalmente clavada allí, aunque mi mente huyese, en ocasiones, a donde menos le convenía. Tenía ganas de saltar, de reír y de amar, pero también de odiar, de llorar y de correr sin rumbo, tacones incluidos.

De vuelta a casa con los churros en la bolsa y los pies completamente destrozados, me paró un chico para preguntarme dónde estaba la parada del autobús. El chico era majo, de esas personas que transmiten muy buen rollo y así consiguen sacarte una sonrisa por jodida que estés. No quise saber ni siquiera su nombre, simplemente me abracé a él y le di las gracias. El chico, claro, no entendió nada. Supongo que pensó que tenía demasiado alcohol corriendo por mis venas, pese a no ser el caso. Necesité el abrazo de aquel desconocido que sólo me preguntó por la parada del autobús y me pidió una boquilla, aunque en esto último no pude ayudarle.

No sé qué significa todo esto. Creo que ni siquiera sé quién soy verdaderamente. Hoy me siento extraña y confusa. Es como si todo se me hubiera ido completamente de las manos. Quizá hace tiempo que esto pasó y hoy el cansancio y la falta de sueño -más acentuada que de costumbre- me han hecho darme cuenta de mi realidad y me han puesto los pies sobre mi verdadero mundo.