lunes, 31 de diciembre de 2012

12 canciones de 2012

2012 no ha sido un año fácil. Ha sido un año en el que han pasado muchas cosas y en donde las casualidades y las pequeñas cosas han jugado un papel muy importante. Os dejo 12 canciones que forman parte de la banda sonora de mi año. Todas me llevan a algo y/o alguien. No están ordenadas ni por fecha ni por importancia, simplemente están dentro de mi caos.

1. Esta no es una canción para cambiar el mundo, Luis Ramiro


2. Te podría decir, Marwan


3. Deseo, Jorge Drexler


4.  Hacia la vida, Chavela Vargas en la voz de Miguel Poveda


5.  In your light, Gotye


6. Criticarem les noves modes de pentinats, Manel


7.  El pequeño vals sin título, Carmen Boza


8. Lejos de tu cama, Havalina


9. Me quedaré, Estopa


10.  La nueva reconquista de Graná, Grupo de expertos Solynieve


11.  Pan y mantequilla, Efecto Pasillo


12.  Te odio, Ismael Serrano


sábado, 29 de diciembre de 2012

viernes, 28 de diciembre de 2012

La culpabilidad del tiempo

Fotografía extraída de Google Imágenes

Pese a los empeños por vendernos la Navidad como algo bonito y mágico, para muchos es una época triste. Nos faltan personas y nos sobran muertos. En un momento determinado miramos hacia un lugar de nuestras casas, o quizá a nuestro propio infinito, y deseamos que aparezca alguien por una puerta, que nos sonría como solía hacer y que el mundo siguiera girando como si nada hubiera pasado. Pero pasa: ya no están.

Bailamos con fantasmas a lo largo del año, incluso nos convertimos en fantasmas de aquello que fuimos algún día. Cualquier tiempo pasado fue mejor, dicen porque nos aterra el futuro. ¿Pero qué pasa cuando morimos nosotros, cuando nos asesinan con un adiós?

Mi última muerte fue hace tres días, pero aún no ha habido resurrección. Esta vez tardará en llegar. Otro adiós, otra despedida sin piedad, otra vez el corazón descolocado. Los muertos, mis asesinos, ya no llaman por teléfono ni envían mensajes, tampoco atendieron a mis llamadas de socorro ni fueron a mi entierro, pero se encargan, de alguna forma, de recordarme que siguen vivos. Ahí están sus recuerdos, sus cuerpos, sus olores, sus voces, sus promesas incumplidas y los planes que dejamos a medias o ni siquiera hicimos. El tiempo nos entierra en su memoria y se  escapa. Se sabe culpable.




lunes, 24 de diciembre de 2012

La vida de la naranja



Fotografía extraída de Google Imágenes
“Pero olvidamos con demasiada frecuencia. Ya no sabemos llamar. Hablamos silencio. Nuestras lenguas son irrespirables. Los nombres se asfixian. Las cosas ya no pasan en la oscuridad. Nuestras lenguas están desiertas. Ya no vivimos en ellas. Nos olvidamos. Y todos los jardines se convierten en fantasmas. Con demasiada frecuencia olvidamos el nombre con el que se llama a la naranja, el verdadero nombre de la naranja, ácida, sabrosa, las naranjas sufren, toda la especie perece, se extingue, y también nosotras en la oscuridad sin frutas, sin huellas de olvidadas, nos desecamos, nuestras lenguas están deshidratadas.

[…] Todo lo que no hay que olvidar, no negarse a saber, a conservar herido en la memoria: la muerte, la carnicería, la indiferencia, para poder llegar viva delante de la naranja llena de vida, hay que poder pensar en seis millones de cadáveres, tres mil cabezas nucleares, no olvidar, mil millones de encadenados, mil millones de emparedadas, para medir la fuerza mundial de una sonrisa. Para no olvidar los nombres de presencia.

[…] Tenemos miedo de no olvidar la sutil alegría que, en medio de un instante de otoño, nos reserva la contemplación de una hoja: tenemos miedo de pensar en la vida, y de sentir su llamada, de no poder seguir evitando necesitarla, de no poder seguir soportando estar lejos de ella, en el olvido, o en el recuerdo. Pero para ir hasta la hoja prohibida, hasta el polvo de luz que suaviza los árboles, hasta la ventana en la que una mujer se apoya, se asoma y piensa, y así enmarcada, se dedica a pensar, hay que afrontar los diez mil demonios, el tiempo de abrir la puerta y ya hay que haber evitado diez, cien en la escalera, y un sinfín en el cinturón periférico”.

La risa de la medusa, Hélène Cixous. Págs. 137, 138 y 140.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La soledad, nuestra ley de la frontera

Portada del libro extraída de Google Imágenes


Javier Cercas vuelve a la carga, esta vez con 'Las leyes de la frontera', una novela basada en la vida del Vaquilla. Quizá el protagonista, el Zarco, no sea el Vaquilla que todos conocemos, sino uno de tantos chavales que durante los años 70’s caminaron por el filo de la navaja de la delincuencia porque la vida, la suerte o el esquinazo que sufrieron por parte de la sociedad no les dejaron divisar otro camino. Hoy esa delincuencia juvenil sigue vigente, pese a 'la limpieza' de las ciudades para que puedan acoger Expos, Olimpíadas o Fórums con la cara limpia o a que los medios de comunicación no se hagan eco de ello. SEGUIR LEYENDO.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Por fin lo entiendo


Hace tres años conocí a un chico que estaba a punto de acabar la carrera. Yo empezaba la mía. Coincidíamos en una asignatura obligatoria para toda la Facultad de Letras y casi siempre nos sentábamos juntos. Los humanos somos animales de costumbres, de ahí que si nos sentamos un día en un sitio, al día siguiente volveremos a ocupar la misma silla. Hablaba poco y siempre entraba en clase escuchando música. Un día le pregunté qué escuchaba y gracias a esta pregunta llegué a conocer tiempo después a grupos como La Pegatina, Bongo Botrako o Txarango, también su historia.

Durante aquellos primeros meses murió un chaval de mi clase de cáncer. Pocos eran los que sabían que tenía esta enfermedad, de ahí el shock que supuso esta noticia tanto para profesores como para alumnos. Pocos días después, este chico me preguntó si era cierta. Con mi confirmación, sus ojos se llenaron de lágrimas, aunque aguantó el tipo. Con cierta rabia en la voz, me contó que su novia tenía un cáncer terminal. La conoció en Barcelona cuando fue a visitar a un amigo al hospital. Ella, calva pero con unos ojos preciosos, le robó el corazón, decía. A partir de aquel momento fue casi cada día al hospital con la excusa de ver a su amigo, quien había sufrido un accidente bastante grave de tráfico. Un día de esos, volvió a encontrarla y la invitó a un café. Bromeaba diciendo que ver tantas películas americanas al final le había servido para algo.

Aquel año él acabó la carrera y poco después ella murió. Pasaron unos meses hasta que me escribió para darme la noticia. Yo en aquellos momentos huía del mundo, también del amor. Recuerdo que lloré como una descosida ante aquel correo electrónico; también empecé a creer en el amor, el de verdad. Tardé días en responderle porque no sabía qué decir. Desde entonces escuchar a grupos como Bongo Botrako, La Pegatina o Txarango, los cuales se supone que son alegres, me llenan de una nostalgia maldita, pero también de esperanza.

Hace unas semanas a él le dediqué otra entrada en este blog por mandarme un correo electrónico de esos que te hacen llorar hasta quedarte seco. Le admiro, lo reconozco. Me escribía desde Londres, donde ha ido a buscarse la vida. Es otro sin ella, pero sigue manteniendo la fuerza que ella le regaló. Supongo que si leyera esto me diría la frase que siempre repetía: “todo es cuestión de tiempo, ya lo entenderás”. Creo que hoy, por fin, lo entiendo.





martes, 4 de diciembre de 2012

Lunes


El lunes, ese odiado día de la semana. Los lunes suelen ser hastíos, duros y nos dan una percepción lejana del fin de semana. Pocos son los que soportan con optimismo los primeros momentos potsdepertador de este día. Cada cual tiene sus trucos para sobrellevarlos. A mí me gusta entrar en el blog de Sopa de Poetes  y refugiarme en 'Los lunes de Anay'. Desde hace años la poeta Anay Sala colabora en el blog del colectivo poético de Sopa de Poetes. Su aportación es sencilla: un poema y una canción. Simple, ¿verdad? Y sin embargo, totalmente reconfortante.

Leer 'Los lunes de Anay' significa empezar el día y la semana sintiendo, por lo tanto, recordándonos que estamos vivos. Emocionarse, incluso antes de desayunar, quizá sea la mejor forma para enfrentarnos al sueño, al frío y a la rutina que poco a poco nos va haciendo viejos. SEGUIR LEYENDO

domingo, 2 de diciembre de 2012

Aunque tú no lo sepas, llega diciembre

Fotografía del Calendario Maya extraída de Google Imágenes


Llegamos a la última página del calendario. Es el mes del fin del mundo y el almanaque de mi habitación sigue estancado en septiembre. Perezoso, o tal vez nostálgico, se resiste a tachar días importantes y felices. Siempre se me ha dado mal llevar la vida al día, sin embargo, las cosas empiezan a cambiar, por fin.

De madrugada noté el calor de una madre, la mía, por primera vez y me sentí parte del mundo. Creo, que pese a la tristeza que se respiraba en la habitación, el corazón me estalló de felicidad al quitarme todas las máscaras y disfraces ante ella. Me desnudé mientras me acercaba la estufa a mis pies, siempre fríos, y me pasaba una manta por los hombros. Me tendió su mano y apretó la mía con una fuerza también desconocida para ella. Casi vimos amanecer juntas entre lágrimas y confesiones, pero Morfeo la venció antes.

Los días van pasando y la nostalgia de aquellos en los que sentimos el mundo bajo nuestros pies pesa y, sin saber cómo hacerlo, me acerco a mis amigos y descargo parte de la carga, también por primera vez. Vuelvo a tirarme a la piscina y busco a aquellos con los que sé que puedo hablar, y sin esperármelo, me regalan abrazos entre paseos, risas, ánimos y alguna amenaza de “maltrato de amistad". Son estos detalles los que llenan y reconfortan, los que nos recuerdan que estamos vivos y nos obligan a aferrarnos al verbo vivir.

Vuelvo a la vida, y esta vez, con paso firme. Este ha sido el mejor regalo que podías hacerme, la huella que quedará en mí para siempre, aunque tú nunca lo sepas. Gracias.




miércoles, 28 de noviembre de 2012

Será el invierno en Ítaca

Representación de Ulises y Penélope extraída de Google Imágenes

La casualidad es una puta. A veces nos proporciona besos, caricias y abrazos y en otras ocasiones nos arrebata estos placeres sin ningún tipo de escrúpulo. Hoy la casualidad dolió. Esta tarde un amigo al que le gusta todo tipo de “música rara” me escribió un whatsapp para decirme que había escuchado una canción de Ismael Serrano y le había gustado. “¡Oh, milagro!”, pensé. Quería saber el nombre de la canción, así que le pedí que me diera alguna pista. Me escribió palabras sueltas y en mi memoria aparecieron todos los versos de Regresa al tiempo que sentí un escalofrío. Le dije el título y me fui directa a Youtube para escucharla. De repente Serrano cantó “Pasan ya varios días sin ti/ ¿Dónde te has metido? ¿Dónde te escondiste de mí?” y el escalofrío pasó a convertirse en punzadas.

El frío empieza a calar los huesos y hay pocas cosas que nos calmen en estos días de prisas y miedos y recuerdo lo que mi padre me dijo el lunes: “si hay algo que admiro de ti, es que no le tienes miedo a nada”. He perdido la cuenta de las veces que me ha repetido esta frase. A veces me gustaría decirle que se equivoca. Tengo miedo, afortunadamente. No es valiente aquel que no tiene miedo, sino el que lo tiene y se enfrenta a él. Quizá sea la lección más importante que he aprendido nunca. Mi madre, por su parte, al escucharme por teléfono fatigada por las prisas y el cansancio este mediodía, me dijo, entre risas, que aún no había aprendido a andar. Me recordó que yo no empecé a andar, sino a correr y que hasta hace cuatro días, como aquel que dice, corría por las calles y saltaba por cada banco de El Prat. “¡Eres un desastre!” acabó diciéndome mientras nos reíamos gracias a viejas historias.

El frío también trae recuerdos recientes. Recuerdo los planes que hicimos con los primeros fríos de este año para entrar en calor, y con nostalgia en los ojos, sonrío y también escribo. Pese a la vorágine de estos días, el frío me ha traído las ganas de volver a escribir. Esas ganas que vienen y van. Empiezan a nacer escritos que nunca nadie verá y preparo un proyecto con personas que de ilusión y de ganas van sobradas, y me dejo contagiar de ello.

La lluvia y el frío siguen su curso y yo espero. Quizá sea el momento de empezar a andar por primera vez. Primero un pie, luego el otro y ya tenemos un paso; el primero. Siento el vértigo corriendo por mis venas y al miedo le planto cara sin ningún tipo de complejo. Y así, poco a poco y en silencio, creo mi propia Ítaca e imito a Penélope mientras espero mi propio regreso.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Sin pudor ni vergüenza


Desde hace unos meses tengo un Smartphone. Reconozco que no me acabo de hacer a él, eso de estar todo el día conectada con el mundo me agobia bastante. El viernes por la noche, mientras bailaba al ritmo de la Orquestra Festuc, entre los diferentes Whatsapps, recibí el aviso de que tenía un correo electrónico nuevo. Pensé que seguramente sería spam y ni siquiera lo abrí.

Al rato de llegar a casa me acordé del mail, así que lo abrí desde el ordenador. Me llevé una alegría incalculable -como si la alegría se pudiera calcular- al ver el nombre del remitente. Hay veces que aparecen personas en nuestras vidas y que, a simple vista, con el tiempo desaparecen, pero lo cierto es que están agazapados esperando el momento justo para sorprenderte. Casualmente, suelen dar la sorpresa cuando más lo necesitas.

De mi remitente hacía mucho tiempo que no sabía nada. La última vez que hablamos él pasaba por un mal momento y yo le respondí a sus males con un mail quilométrico que terminaba con la famosa canción Todos losdías sale el sol de Bongo Botrako. Él se encargó de recordármelo y me explicó que durante una temporada, cada mañana la ponía en su reproductor de música para empezar con alegría el día.

Su correo venía porque el pasado miércoles, el día de la huelga general, se acordó de mí al escuchar el nuevo hit de Bongo Botrako, Revoltosa. “Está claro que única lucha que se pierde es la que se abandona” me dijo haciendo referencia a mi admirado Ismael Serrano, y me adjuntó dos canciones del nuevo disco de este grupo, el cual por falta de tiempo, aún no he podido escuchar. Me las envió con el siguiente mensaje: “sé que te gustarán estas dos canciones, también que llorarás”.

No sé si es que al leer su comentario me predispuse a llorar al escucharlas o es que la sensiblería asquerosa que tengo últimamente encima se acentuó, aún más, con la música, pero, efectivamente, entre sus palabras y estas dos canciones no pude reprimirme las lágrimas, tampoco una sonrisa.

Hoy le contesto por aquí con el fin de dar las gracias a todas esas personas que ya estén muy cerca o muy lejos de donde nos encontramos velan para que nuestro universo particular siga en pie, aunque nos cueste admitirlo y el pudor y la vergüenza en ocasiones nos venzan.






jueves, 8 de noviembre de 2012

Carreras


Cuando has huido de todo, tienes miedo a dejar de correr, aunque lo que realmente te asusta es que sea el otro quien empiece la carrera. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Del llanto a la indignación solo hay un paso

Mi kit de supervivencia asmático


Dicen que no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos, y debe ser verdad viendo cómo está el patio: las tasas de las universidades tocan la estratosfera se cierran plantas en los hospitales, el paro no deja de subir, cada día perdemos derechos, trabajos y casas, etc. Vemos estos dramas en televisión y en las portadas de los periódicos y escuchamos a diferentes tertulianos en la radio vertiendo su opinión, pero nos da la sensación de que son historias lejanas. Aún tenemos para comer, pensamos, y seguimos (sobre)viviendo tirando del dicho “virgencita que me quede como estoy”.

He escrito muchas veces en el blog sobre mi enfermedad crónica, el asma, y “las aventuras” que he vivido en los centros médicos. En los últimos años he puesto el acento en la tijera, pero el (re)corte cada vez es más profundo y sanguinario, incluso puede llegar a ser mortal.

Ayer por la mañana me desperté ahogándome. Tras tomarme los medicamentos que tengo recetados para las crisis, fui acompañada de mis padres al ambulatorio del barrio, el de siempre. Al ser domingo, únicamente había urgencias, y gracias, pues solo había una doctora y dos enfermeros en todo el centro trabajando, además del administrativo y el guardia de seguridad. En la sala de espera unas cuantas personas esperaban ser atendidas, la mayoría con constipados y fiebres típicos de estas fechas.

El trato del reducido personal sanitario fue excelente. No pasó un minuto desde que entré por la puerta del ambulatorio hasta que la doctora y los enfermeros me atendieron, y es de agradecer, ya no solo porque hicieran bien su trabajo, que para eso están, sino por hacerlo así de genial pese a la falta de medios. Es incomprensible que  tan solo hubiera una bombona de oxígeno disponible y que las demás estuvieran guardadas en un cuartucho sin poder ser utilizadas porque no tenían barómetros. ¿Qué hubiera pasado si llega a aparecer otro paciente con falta de oxígeno? ¿Nos tendríamos que haber jugado a cara o cruz quién sobrevive?

Nos están robando todo y apenas hacemos nada. Seguramente, a ti que estás leyendo esta entrada, y si es que has acabado de leerla, solo te parecerá una historia entre tantas, una queja más, y seguirás mirando la televisión, leyendo los periódicos y escuchando la radio como si a ti nunca fueran a echarte de tu trabajo o como si cuando vayas al médico te garantizasen que vas a tener todos los medios para curarte. Más pronto que tarde, por desgracia, llegarán los llantos, y con ellos, la famosa indignación.

lunes, 22 de octubre de 2012

Hablemos de decepción


El último libro de Paul Auster, 'Sunset Park' , se inicia con el retrato de la sociedad actual azotada por la crisis económica. El protagonista, Miles Heller, es un muchacho de veintiocho años que se dedica a la limpieza de casas desahuciadas. Poco a poco vamos conociendo detalles de su vida que nos conducen por el misterio de la novela, el cual se centra en saber por qué se fue de casa. La trama se complica cuando Miles debe marcharse a Nueva York por las amenazas de su cuñada si no accede a sus chantajes, ya que Pilar, su novia, es menor de edad. Así pues, el protagonista se va a la ciudad de los rascacielos para vivir en una casa okupa con el único contacto de su vida anterior que mantiene, Bing Nathan, quien a lo largo de los años ha sido el encargado, sin que Heller lo supiera, de informar de la vida de este a sus padres. Las otras dos habitantes de la casa son Ellen Brice, que dedica su tiempo a la pintura, y Alice Bergstrom, quien por su parte invierte las horas en acabar su tesis doctoral sobre la película 'Los mejores años de nuestra vida'.  SEGUIR LEYENDO AQUÍ

jueves, 18 de octubre de 2012

Los héroes juegan en el A.E. Prat



Fotografía oficial del A.E. Prat de la temporada 2012-2013

Mi padre es una enciclopedia de fútbol. A veces es incapaz de recordar cómo se llama, sin embargo puede recitar  a la perfección la alineación de un partido concreto del Real Madrid hace cuarenta años sin despeinarse. En casa siempre ha habido y hay fútbol en la tele. Yo me he criado viendo jugar a Raúl, de ahí, supongo, mi afición por este deporte y por el equipo blanco.

Con seis o siete años acompañé un domingo a mi padre al campo del Fondo d’en Peixo para ver un partido del A.E. Prat. No recuerdo ese día, pero sí que desde entonces fui cada domingo durante muchos años. A la mente se me viene aquel barrizal donde se disputaba el juego y cómo dolía ver caerse a los jugadores. Más de un aprensivo a la sangre en ese campo sufrió. Por ser una niña me decían que tenía la mano inocente, de ahí que en los descansos me pidieran que le diera a la rueda de los números de la rifa.  Me subía al escalón más alto y el encargado de vigilar la rueda me la bajaba algunos escalones para que pudiera llegar. Los abuelos se enfadaban conmigo porque decían que nunca tocaba. Creo que ellos no pensaban que tenía la mano inocente, sino más bien gafe, aunque en mi defensa diré que, al menos que yo sepa, nunca ha tocado.

Algo que tampoco podré olvidar nunca de mi niñez fue cuando mi padre me llevó al campo del Espanyol en Montjuïc para ver un Espanyol-Madrid; aluciné. Para mí un campo de fútbol era el de El Prat, los grandes solo existían en la tele. Ganó el Madrid por  1-2, aunque la alegría no fue completa porque también tengo una gran simpatía por el equipo perico. Una sensación parecida a cuando entré en el campo de Muntjuïc tuve cuando El Prat empezó a jugar en el Sagnier. Pese a ser un campo pequeño, eso de que tuviera césped artificial para mí lo hacía súper importante. Seguí yendo cada domingo que el A.E. Prat jugaba en casa con mi padre. Me gusta escucharle cuando habla de fútbol porque sé que es su pasión y porque pocas personas pueden superarle en sabiduría futbolística.

Años después dejé de ir al campo por motivos que no vienen al caso. Cuando mi padre volvía a casa al mediodía tras el partido, antes de que abriera la puerta ya le estaba preguntando cómo había quedado El Prat. Él a veces se enfadaba porque, en la mayoría de ocasiones, no le había visto por la mañana y yo pasaba de darle los buenos días (a esas horas ya eran buenas tardes) y mi interés por él acababa cuando me decía el resultado del encuentro.

El 27 mayo volví al Sagnier. El A.E. Prat se disputaba subir a Segunda B por primera vez en su historia con el Atlético Sanluqueño. En el campo se superaron los 1.000 espectadores y los jugadores pratenses lo consiguieron: subimos. Me emocioné como cuando de niña fui al campo del Espanyol a ver aquel partido, y yo que soy de las que no entiende eso de salir a la calle para celebrar un éxito deportivo, nada más acabar el partido salté al terreno de juego para celebrarlo y de vuelta a casa saqué la bufanda por la ventanilla del coche mientras le pedía a mi padre que tocara el claxon como si no hubiera mañana. La fiesta en la Pl. de la Vila me la perdí porque al día siguiente tenía el examen más difícil al que posiblemente me haya enfrentado hasta ahora. ¡Qué envidia de todos aquellos que lo disfrutaron!

El 29 de agosto volví a dejarme caer por el campo. Esta vez el A.E. Prat se enfrentaba al Nàstic en la primera ronda de la Copa del Rey. Sí, El Prat jugaba por primera vez un partido de la Copa del Abuelo Tropezones, y no era un sueño, era real. Fue un partido que jamás podré olvidar, ya no solo porque ganásemos –además de forma épica-, sino por cuestiones personales que otra vez no vuelven a venir a cuento, o tal vez sí en esta ocasión.

Llegó el 12 de septiembre y  El Prat vibró con la segunda ronda de la Copa del Rey en Oviedo; esta vez lo vivimos por la radio. Ganamos en unos penaltis agónicos, pero ahí estaba san Toni Texeira para regalarnos más ilusión. La ciudad fue una fiesta: coches pitando, gente gritando e incluso se escucharon petardos. Vamos, que no envidiamos en nada al Barça o al Madrid.

Anoche volvimos a tener otra cita con la Historia. El A.E. Prat se enfrentó al Llagostera en la tercera ronda de la Copa del Rey. El Sagnier lució radiante y estrenó gradas que se llenaron por completo. Más de 2.000 personas estaban empujando a los jugadores para conseguir el caramelo de enfrentarnos a un primera. El conjunto pratense se adelantó en el marcador, pero en el minuto 76 el Llagostera consiguió el empate. La prórroga fue inevitable, pero los Potablava se adelantaron y la euforia se apoderó de todos nosotros, tanto los que estábamos en el campo como los que seguían el encuentro por la radio, palomitas cordobesas incluidas. Pero la alegría no duró mucho, pues pocos minutos después el linier, que no el árbitro, señaló un penalti más que polémico a favor del Llagostera. Marcaron, pero el Sagnier no se rindió, y muchos menos los jugadores pratenses. Lo siguieron intentando hasta que llegó el tercero del Llagostera de falta directa, aunque esta vez el árbitro tuvo mucho que ver, pues no pitó la falta donde debía, sino mucho más cerca de la portería que defendía san Toni Texeira. 

Acabó el partido y el Llagostera se llevó el gato al agua, aunque demostró, desgraciadamente, no saber ganar. Dejaron el deporte por el teatro y el boxeo, lo que calentó el ambiente. Los jugadores del A.E. Prat demostraron que sí saben perder, igual que demostraron saber ganar en otras ocasiones. Con el pitido final, la afición del Sagnier, la cual tuvo un comportamiento ejemplar en todo momento, se puso en pie y ovacionó a sus jugadores. Y es que el esfuerzo que hicieron fue titánico. Cabe recordar que ellos no viven del fútbol y algunos trabajan, por lo que tienen que hacer malabares para no perder horas y días de trabajo y también poder jugar.

El cine y la literatura nos venden que los héroes son aquellos que siempre triunfan, pero el éxito no solo consiste en ganar partidos, sino en que la gente sepa valorar tu trabajo y esfuerzo, los cuales nacen de la humildad más absoluta.  Estos chicos nos han dado muchísimo. En estos momentos tan difíciles nos han regalado emoción y alegría y  una buena lección de humildad, y eso no hay copa que lo supere.

¡GRACIAS, CAMPEONES!

viernes, 12 de octubre de 2012

El barrio del cementerio viejo

Fotograma extraído de Google Imágenes


El miércoles tuve que entregar un artículo inspirándome en la película Barrio, de Fernando León De Aranoa. El profe no quería que hiciéramos la típica reseña, sino que a partir de esta historia explicásemos algo nuestro que tuviera relación con ella. Yo hablé de mi barrio. Escribí las historias de algunos de mis vecinos, pero, para ceñirme a la extensión marcada por el profe, tuve que quedarme solo con una. Os dejó lo que acabé presentando:


El barrio del cementerio viejo 

Soy del centro de Barcelona, es decir, del Área Metropolitana, donde se cuece todo, donde la gente procede de todos los lugares del mundo. Soy de El Prat, no de Barcelona, cuidado, de El Prat, repito, sí, donde los aviones. Me gusta El Prat, mucho. También mi barrio, ese que está a la entrada de la ciudad, cerca del río y es conocido como el del cementerio viejo. Adoro mi barrio porque sus habitantes son tan normales que serían los perfectos protagonistas de una película.

Este barrio, desde donde escribo, jamás fue idílico, tampoco ahora. Recuerdo la década de los noventa, la de mi infancia. Las drogas hicieron mella en algunos de mis vecinos y los niños no podíamos jugar en el parque porque muchos chavales iban allí a drogarse, algunos de ellos, tan solo eran adolescentes de 15 años. A la mente se me viene O., una chica de la otra escalera que acabó consumida por su adicción. A principios de los 2000 se operó la nariz porque se quedó sin ella. Vivía con su madre, A., una mujer adorable, al menos en apariencia. Recuerdo que una vez subí a su casa, no sé por qué, solo consigo evocar su sofá enorme y turquesa, quizá porque durante algún tiempo fue mi color favorito. Algunos dicen que A., “la A.”, vendía droga en su casa, de ahí el vaivén de gente entrando y saliendo. De repente, madre e hija desaparecieron.

Ahora me asomo a la ventana y veo a los niños jugar en el parque. Hace unos cinco años lo arreglaron y la policía ya no solo empezó a dejarse ver por el barrio del cementerio viejo, sino que también comenzó a actuar con redadas y reventando los rallies de los fines de semana y los botellones dentro del viejo cementerio. Es increíble el cambio en los últimos años. Muchos de los antiguos vecinos ya no están; unos se fueron, otros murieron. Los pisos que se quedaron vacíos ya no los habitan andaluces, extremeños o gallegos, sino africanos y sudamericanos.

Fernando León De Aranoa retrató un barrio de los suburbios de Madrid, pero el barrio del cementerio viejo solo dista en quilómetros con el de la película. Será que la normalidad y la rutina rompen fronteras intangibles.

lunes, 8 de octubre de 2012

Miedos mojados

Fotografía tomada el viernes pasado en la estación de trenes de Girona


“Cada cual se esfuerza, cuanto está a su alcance, por preservar su ser”, Spinoza


Hoy hace justo una semana que empecé las clases. El martes pasado de camino a la Facultad me di cuenta de que la cartera la tenía empapada de agua, también los pantalones. Por salir con la hora justa del piso, no le dediqué el tiempo necesario a cerrar bien el botellín de agua –imprescindible- que siempre llevo dentro de ella. Media hora estuvo goteando hasta que me di cuenta del desastre. La libreta, el estuche, el monedero, todo estaba pringado por el agua. Corriendo cerré bien la botella y esta vez sí que me cercioré de que estuviera perfectamente cerrada. Al sacar el boli y la libreta para coger apuntes hubo algo que me estremeció: ¡la libreta de las citas estaba empapada!

Desde hace un par de años llevo siempre conmigo la libreta que me regaló mi amiga Laura por mi cumpleaños. Es una libreta preciosa, con diferentes tonalidades de verde. Le guardo un cariño especial por el momento en el que llegó y por su dedicatoria, en la que deseaba que en las últimas hojas escribiera un final feliz para una historia de terror.

Nunca he sido amante de los diarios. Muchas veces he intentado escribir uno, pero he sido incapaz; me dan miedo. Quizá por eso nació este blog, porque, al fin y al cabo, es una especie de diario del que las páginas se van perdiendo por la red, aunque sea extremadamente fácil volver a ellas. Por ello no he escrito ni una sola línea sobre mí en la libreta que Laura me regaló. La utilizo para anotar las citas que me hubiera gustado decir o escribir a mí. Un tópico, sí. La mayoría de las citas están escritas con mala letra, pues las apunto en cualquier sitio y sin soporte.

Ante la inundación que sufrió la cartera, y sobre todo al desperfecto  de la libreta, me di cuenta de que estaba abandonando el blog. Confieso que vuelvo a tenerle miedo a la escritura, ese mismo miedo que me impide escribir un diario. Las idas y venidas de Girona vuelven a ser devastadoras; el caos que los recortes han traído a la universidad duelen; las pesadillas nocturnas vuelven a agudizarse; y el olvido de los seres queridos mata. Sin embargo, hay un motivo –el mejor que se pueda imaginar- para seguir escribiendo, incluso para volver, también casa.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Lluvias que traen fiestas


Pañuelo de la FM 2012 de El Prat y las entradas para el partido de la tercera ronda de la  Copa del Rey

La lluvia de esta mañana nos ha puesto sobre aviso: ¡empieza la Festa Major de El Prat 2012! El pistoletazo de salida será esta noche a las 21h en la Plaça de la Vila con el pregón de los capitanes del A.E. Prat, Jaime y Toni Texeira.



¡A disfrutar!



lunes, 24 de septiembre de 2012

Pastillas para no soñar


Pastillas para dormir, pastillas para no dormir, pastillas, en definitiva, para sobrevivir. ¿Qué nos queda? Vuelven a rodar las lágrimas y sobre ellas dibujamos sonrisas que acaban como el papel mojado. Las noticias siguen siendo terroríficas y absurdas; duelen. Las calles empiezan a hervir y la cola del INEM cada día acoge a los nuevos con azotes. Ya no queda esperanza, o eso nos venden, porque sí, ya todo se vende, incluso los sueños, y lo que es peor, la libertad, también la de soñar. Cantamos y el miedo nos enmudece. Apenas sentimos las caricias de consuelo y el placer es para los demás, los otros. Los otros, los de allá a los que les negamos que sean de acá, las minorías, los débiles, siempre cargan con la culpa. Desde abajo, con el descaro que proporciona la miseria, señalamos a los culpables de verdad,  a esa minoría intocable. Despedimos con alegría a los políticos que por algún motivo se marchan y le damos la bienvenida con resignación a los nuevos ladrones, guante blanco incluido.

Nos abandonamos, y al de al lado, y al que está lejos. Hobbes contra Rousseau una vez más. Nos pisotean, y lo que es peor, nos dejamos pisotear. Miedo, miedo y miedo: esa palabra maldita que nos acobarda. La música ya no suena, nos la apagaron y el teatro bajó el telón porque no le cuadraban las cuentas. Los carritos de la compra se roban por necesidad y a los necesitados queremos sentarles en el banquillo, mientras los del guante blanco siguen de comilonas y paseándose en sus yates a la vez que nos piden a todos remar. Yo me bajo del barco. Quiero pastillas para no soñar porque hace tiempo que inicié el camino para convertir mis miedos en realidad. A la palabra utopía le busqué sinónimos como esfuerzo, lucha y, finalmente, felicidad.




viernes, 21 de septiembre de 2012

Recordar



POLICIA-¿Tienen cámara de vídeo?
RENNE-No, Fred las odia...
FRED-Me gusta recordar las cosas a mi manera
POLICIA-¿Qué quiere decir?
FRED-Las recuerdo a mi modo, no necesariamente como hayan pasado...



Carretera perdida, una de esas películas que podría ver millones de veces sin cansarme de ella.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Músicas y amistades verdaderas


Con la entrada de Twitter en nuestra vida, pudimos ponerle color, cara y palabras al pajarito que le contaba todo a la persona que menos debía hacerlo. Y es que esta red social, con muchos admiradores y detractores, nos sirve para enterarnos de absolutamente todo, incluso antes de que pase. Algo así sucedió con la presentación de Más de cien verdades en Barcelona, el libro del músico y compositor Pancho Varona, con la colaboración de JuanP Holguera.

Aprovechando los conciertos en el Palau Sant Jordi de la gira Dos pájaros contraatacan, con Sabina y Serrat al frente, la pareja artística y de amistad desde hace treinta años de Sabina, aprovechó para presentar su libro en la ciudad condal. Varona, además, tuvo a bien avisar por Twitter y Facebook de la presencia del maestro del bombín y autor del prólogo y de las ilustraciones de Más de cien verdades. SEGUIR LEYENDO AQUÍ.

martes, 18 de septiembre de 2012

Sonreír siempre



Hasta cuando nos roban.

Podéis encontrar este cajero en la oficina de Catalunya Caixa de la Avinguda Verge de Montserrat (El Prat de Llobregat).

viernes, 14 de septiembre de 2012

Historia con denominación de origen Pota Blava

El A.E. Prat sigue haciendo historia. El pasado miércoles los pratenses derrotaron al mítico Real Oviedo en el Carlos Tartiere, y por primera vez en la historia del club, jugarán la tercera ronda de la Copa del Rey. El partido se disputará en el Sagnier el próximo 17 de octubre y el rival a batir esta vez será el Llagostera.

Lo que estos chicos están consiguiendo es increíble, un sueño para la ciudad. Tras finalizar la agónica tanda de penaltis en el Tartiere, los gritos de euforia, los cláxones de los vehículos e incluso algunos petardos fueron los encargados de hacer sonar una maravillosa melodía por todo El Prat.

Tampoco hay que olvidarse del trabajo que están haciendo los compañeros de El Prat Esports, quienes, con José David Muñoz a la cabeza, han sido y son nuestros ojos durante los partidos. Son un claro ejemplo de que los medios locales son necesarios y que con muy pocos medios se puede hacer un grandísimo trabajo, por eso, y pese a la euforia, o tal vez por ella, José David reivindicó el papel de los medios de comunicación públicos y de calidad, los cuales, desgraciadamente, cada vez son menos, y de calidad, mejor no hablemos.

Pase lo que pase el 17 de octubre, lo que este equipo ha conseguido no podrá olvidarse con facilidad. Si conseguimos pasar de ronda y enfrentarnos a un equipo de primera que la temporada pasada consiguió estar en los puestos europeos, será una guinda estupenda para el pastel, pero si no pudiera ser, no hay que desanimarse ni dejar de apoyar a estos chicos que partido a partido están escribiendo una historia de ensueño. ¡Felicidades, campeones!


Montaje de los penaltis con la narración de El Prat Ràdio.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ayrton Senna



Documental altamente recomendable, tanto para los frikis del motor, como es el caso de la que escribe, como para los que no lo seáis. Al llegar a casa no pude evitar releer el maravilloso poema que Mariel Manrique le dedicó:

Yo te amé en la curva de Tamburello.
No era un buen lugar, lo sé.
Dios se retira en la curva cerrada de Tamburello.
Pero hay que amar aun contra todo pronóstico,
mientras Dios contempla el desastre desde boxes,
con el uniforme de la escudería y la espalda tiesa
en su silla de ruedas.
Sabía que mi máquina no era muy segura.
Yo te amé sin estar segura, de nada.
Con mi máscara antiflama de momia egipcia,
de anónima quemada, de recién operada del cerebro.
Llevaba las piernas en horizontal, hacia adelante,
como dos arbolitos aplicados,
que se esmeran por no estar nerviosos
y están tan rígidos como si estuvieran muertos,
tan obedientes que no pueden soltarse ni salir
de la cabina, de la cuna, del féretro donde se han metido.
Yo te amé en la curva cuando no llovía
(y mi especialidad era conducir bajo la lluvia).
El cielo hacía una tremenda vertical,
corría a toda velocidad hacia mis ojos,
era una pared de cielo.
Yo parecía volar pero estaba quieta.
Solo movía los brazos en el momento exacto,
para evitar salirme de la pista,
entregada al cero del volante,
a esa corona, a esa certeza humilde
a la que me aferraba
como si fuera mi madre, o una vida
donde las madres son jóvenes y cuerdas
y pueden leer la desesperación de esto que somos,
guardarse el karting para otro hijo varón,
retirarnos airadas del entrenamiento,
bellas y enfurecidas, rescatarnos
del lobo de la curva de Tamburello.
Yo te amé durante toda esa noche,
recorté figuritas y las pegué en el álbum,
me dibujé en la frente la inhallable,
la que nunca te sale aunque cambies de barrio
para encontrar el sobre de la divina providencia.
Yo te amé aunque supiera
que las figuritas salen de una fábrica,
que no hay azar sino cálculo en las fábricas
donde tosen los niños
que después no pueden soltarse ni salir,
piensan que hay que pagar un precio terrible
para tener un cuaderno y un oficio,
entregar algún órgano a cambio de un poco de respeto,
una muda de ropa y esas cosas
que de pronto se vuelan como el techo de una casa
en el tornado de la curva de Tamburello.
Mi padre confía en que encabece el pelotón,
mi hermana me acaricia el pelo que brilla,
me hunde la mano en el pelo y lleva
mi cabeza hacia atrás, dice que ella no tiene miedo.
Pero yo sí. Ya le avisé a Dios. Ya le conté
que está máquina tiene un serio problema de estabilidad
(como si no supiera, como si no la hubiera diseñado al milímetro).
Los machos se calzan sus cascos, escupen el cemento, se pasean,
compiten por el favor de sus sponsors.
Me cubro la cara con las manos.
Dejo que me vistan, que me entuben.
De algún modo he pedido la curva de Tamburello.
Yo te amé con las cartas marcadas y fue mi decisión
acelerar en la curva, no lo culpes a Dios porque no estaba
cuando me puse este cuerpo que me dio.
Ves que no tengo marcas, no me quebré ni un hueso,
salí sin un solo hematoma, sin una sola herida cortante,
húmedo y tierno como un recién nacido,
alzado en helicóptero, dormido,
retirado del daño de Tamburello.
Ya no me pego al piso, ya no estoy a ras de la tierra.
Yo te amé con una pieza mecánica
atravesada en mi cráneo de muñeca.
El amor se puede tocar, es como una placa de titanio.
Te he visto inclinarte sobre mí,
deshacer la materialidad del amor,
hacerlo estallar, hacerlo esquirlas
que saltan y cruzan el foso
que separa a la pista de los débiles.
Para que algo sintiera de ese polvo,
de ese horroroso impacto contra un muro,
que algo me sostuviera en ese choque frontal
contra los huérfanos,
los desterrados de todas mis edades.
Pero el amor es un hilo cortado
a la altura de la curva de Tamburello.
Qué fue lo que viste que jamás podrás contarme.
Qué fue lo que no viste, lo que no estaba ni siquiera ahí.
De algún modo debiste sonreír aunque no hubiera nadie.
Yo te amé sin haberte conocido,
como se ama a un fantasma o un reflejo,
no puedo pedir más,
yo soy, también, una imagen,
una fosforescencia, un humo,
la probable composición de una figura
que no podrás pegar en un álbum,
el ruido de un motor que se aleja
cuando parece irrumpir, una máscara
de niña-piloto de tormentas,
toda esta lluvia que cae en silencio
sobre la curva
quieta y vacía de niños,
la irreductible soledad de Tamburello.